Un sentimiento irradia por sus ojos. Inyectados, rojos llenos de furia, el cuello rígido. Un dolor abdominal lo aduce a segregar dopamina, pero los recursos están agotados, se siente desesperado, sufre esquizofrenia, ruídos que parecen voces, pedazos de charlas lo llevan a una realidad cuantificable, su mente le dicta que sólo encontrará alivio cuando terminé con ellos. Ellos…
-Estos imbéciles me colman la paciencia.- Abre el cajón, tremenda satisfacción de homicida a lo que ve. Un pedazo punzante de plástico, junto a él un tenedor sucio con restos de comida de tres días, suficiente como para causar una infección si el agredido no termina su yugo en lo que dura un golpe de furia al cuello. Un vaso de cristal a medio llenar con agua que servirá para ambos.
Solo y sólo piensa en hacerlo, pero hay un instante en dónde el pensar y actuar intercalan la realidad. Tan real, que logró encontrar paz en su interior aliviando el viacrusis de los ruídos. Gira su cabeza hacia arriba, se recuesta en la silla, exhala, la luz artificial lo ciega. Abre los ojos, pestañea par de veces, algo escurre en toda la habitación. Despierta y escucha gritos de lamento, suplicas; Siente tibias y rojas sus manos, destilan. Se a magistrado un bello retrato que ha firmado con su nombre.
Una obra de arte efectuada. Un instante de realidad, un sueño donde encontró paz.
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De lujo
Me perdi después del tenedor….